Buscar un sitio que no sea una horterada, comparar precios, cuadrar autobuses, recoger autorizaciones, cruzar alergias y explicar a ciento veinte familias por qué este año no vais al de siempre. Todo eso, encima de la semana más cargada del trimestre.
Aquí llegas y ya está hecho. Los autobuses entran hasta la puerta de las instalaciones —sin cruzar calles ni hacer traslados con los niños—, cada grupo tiene su monitor y su cuadrante de paradas por la aldea, y las alergias se registran contigo, una a una, antes de empezar.
Sabemos que la cara de tus alumnos al entrar en la casa de Papá Noel importa tanto como que el menú del niño alérgico esté preparado y que, si llueve, estén en casitas climatizadas. Todo preparado para que solo tengas que acompañar y disfrutar.